hay algo con el viento
Quieto.
Quietísimo.
Los dedos agarran distinto
Dibujo distinto.
Lugar ya sin vida
quieto
oloroso
terroso
El mar cerca siempre.
Quizás tormenta.
Tita vigila, acompaña. Alerta, peligros acechan.
Hay ojos que miran y avisos que llegan. Recordatorios de que en los árboles también hay casas.
Una ornamenta dispuesta como altar que da comienzo al camino del tiempo, al camino de las algas.
Y no hay prisa.
Cada paso se da,
cada letra se dibuja.
Cuadro de arte precioso con gente preciosa que lo surca
Tambo abandonado que es nuestro refugio. Zona convertida en anfiteatro para hacer nuestros números. El apocalipsis pide pasatiempos revitalizantes.
Tierra a lo lejos. Viene un auto y quisiera saber quién va dentro, qué quieren, a dónde van; pero la marcha debe retomarse.
En fila como culebra, caminando al rayo partido, buscamos agua, sombra, un nuevo lugar.
Hay algo con el viento.
Hay algo con el viento.
Vuelve borrosos los contornos, los barre como si fuese un sueño o el momento donde estamos muriendo.
Dos chanchos se asustan con nuestras miradas, con nuestra presencia.
Se es lo que se hace
Se dice lo que se quiere
Pasarela con muñequitos mirones; todo contempla y es contemplado, porque hay tiempo. También hay dos o hasta tres tipos de suelos, colchonetas trigueñas amarillas que sumergen al Sol, o Sol se sumerge ahí.
No hay nadie, estamos solos.
Nunca fuimos tan silenciosos en nuestro andar como hoy.
Fósiles, parlantes panales. Deseos de poder sacudir las orejas y echar a las moscas, como caballo o vaca.
Hay algo con el viento que al campo lo convierte en playa,
a los arbustos en algas oníricas
a la chatarra en sonido.
14-12-2024

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