"El vacío que dejó Cristina" leo. Observo esa responsabilidad que se le deposita de manera camuflada. Se sugiere de manera infiltrada una posición activa de Cristina en relación al orden de cosas actual. Ahora escribiéndolo, me doy cuenta de que se puede leer de otra manera la frase pero, palabras más, palabras menos, igual sirve.
Hay un tremendo zafarrancho en el mundo, pero sobre todo en lo que podría llamarse oposición a las ultraderechas: desorientación, falta de palabras, de ideas, caos; hay cierta sensación impotente de "¡¡que alguien haga algo!!". Se siente urgente encontrar la manera de presentar batalla y al mismo tiempo veo que el proceso de leer las cosas de una manera diferente y más aggiornada, y las consecuentes ideas y acciones, es un proceso que va a demorar más de lo que necesitamos. Desespera ver cómo acá y allá estos hijos de puta van corriendo los límites de lo que se puede o no se puede hacer: no están haciendo un mundo más justo, lo están haciendo más feo y más pelotudo. Sin embargo lo que es innegable es que el mundo está cambiando y los tiene como protagonistas.
1) Hay un status quo donde el orden de cosas y las ideas se repiten, se reproducen. Valores, lógicas y maneras de hacer se sostienen y forman un sentido común sostenido en el tiempo: loop, loop, loop.
2) Pero ningún status quo es perfecto ni es eterno, y todo sentido común deja por fuera a distintas personas, entonces en ese loop un día hay un rizoma que encuentra vía. Al principio es invisible pero comienza a rondar por las periferias del sentido común; será una idea estrafalaria de unos pocos, dará para chistes, pero así poco a poco seguirá tocando puertas hasta que la extensión de estas nuevas ideas y palabras tenga cuerpo y fuerza. Una nueva vibración comienza, una agitación que pide ser bautizada
3) Y recién acá aparecen los Trumps, los Mileis, etcétera, no antes. Los capitanes de ese barco que se construyó en las sombras mucho antes de que se dieran cuenta de que era su oportunidad de brillar, conducir, liderar, ser queridos (una forma de amor súper extraña). La fuerza que tienen las ultraderechas en estos tiempos se deben justamente y casi por completo a eso: la fuerza de los cimientos, construcciones que se armaron en un terreno ideológico abonado durante años, y que aunque se corten de tallo algunos tallos importantes, hay fertilidad para rato.
Siguiendo con esta línea, voy a Cristina. Fueron muchos los años en los que nos encontramos dentro de la cerca del sentido común, que el status quo fue cómodo para nosotros: no hizo falta hacernos muchas preguntas, no hizo falta movimiento. Muchos años de un mismo liderazgo sostenido en el tiempo, críticas blandas que no exigían mucho más que la reproducción parecida de lo que había, estaticidad ideológica, atrofia en el ejercicio de preguntar, romper, construir. En esas anduvimos en estos últimos 15 años. Y en la agenda internacional es parecido: Europa muy cómoda en su diplomacia, en los derechos humanos, llevando y trayendo ayudas a continentes que son pobres por el propio trato que tuvo Europa con ellos, ocupándose de una agenda muy progresista pero poco práctica en relación a la crisis democrática, política, social en la que estamos metidos hasta las rodillas hace varios años.
es nuestro status quo, lo fue. Ahora nos movieron el piso y nos han puesto a hacernos preguntas, pero el vacío no lo inventa Cristina. Esa estaticidad y holgazanería está hace rato, y Cristina, de alguna manera, era lo último a lo que nos agarrábamos en todos estos años de comodidad. Es tiempo, quizá, de hacernos preguntas incisivas, tan solo como un ejercicio para desmoralizar la charla, porque en ese punto nos pasaron tres pueblos. Animarnos a pensar si es factible dar pelea sin violencia, si es posible un mundo sin conflicto -incluso si es deseable. ¿De dónde surge tanto nacionalismo? ¿Todas las aristas del nacionalismo son malas? ¿Todas las de la globalización son buenas? Antes de que nacieran estos muñecos, ¿el mundo era justo? ¿Solo queremos volver a lo de antes? ¿Reproducción o producción? ¿La justicia social solo se puede conseguir de la mano del déficit fiscal? Una nueva izquierda está pidiendo nacer. Va a llevar tiempo, años, quizá, ojalá descubramos que su nombre ya no es izquierda y debamos parir algo nuevo.
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