Cerrar los ojos para escuchar más
Fácil, lo de siempre
Así escucho mejor las manos que titilan eléctricas
Escucho mi peso desparramado en el colchón
Escucho la música y me atraviesa
Abrir los ojos, para mí, es como sumarle ruido al asunto. Todo lo que tocan mis ojos inevitablemente me trae información que dispara pensamientos. Son las palabras y su universo con las que tengo mis idas y vueltas… qué se yo, es complicado.
PERO
hay veces donde los ojos no rompen la escucha sino que le traen la frutilla del postre a un cuerpo que ya venía envuelto en algo, que ya estaba siendo tocado por la varita de lo mucho, de la música, de lo quieto, del momento anterior a algo, del tiempo muerto -o mejor tiempo sin destino; sí, mejor tiempo sin destino. A este cuerpo preparado le faltaba solo abrir los ojos y ver un teatro preparado y listo -como él mismo- para el show pero todavía vacío; con sus luces, humo del espacio, gradas quietas llenas de fantasmas
y en el escenario una silla vacía
en el medio
-
sola ella
pronta para dar alguna charla
a esa audiencia de butacas fantasmales
Esa vez la escucha fue también con la mirada, y por eso me atravesó como un rayo de esos de animé una sensación de alegría, de angustia, de inquietud, desconfianza y fascinación por estar vivo y existir.
De todas las maneras de sentir el misterio del mundo que tuve esa fue mi favorita.
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